Descripción de atardecer II.
Homenaje a Joseph Niecéphore Niépce.
El cielo parece que se cansa, se oscurece, se afloja, pero sólo hasta que aparezcan las primeras estrellas y planetas.
La ropa de los vecinos sigue revoloteando como pajarracos en los tendederos, aunque ahora, a media luz de la tarde, igual podrían ser cisnes. La fachada que antes era color membrillo se vuelve gris al bajar el sol y cuando este por fin se oculta, se van encendiendo ventanas de forma dispar en el edificio.
Algunas desprenden luz amarilla, otras azul, aquella de más allá verde y hasta hay una blanco nuclear.
Casi puedo adivinar lo que guardan en su interior. Me pregunto, si hay alguien en alguna ventana perdida, que me observe cada tarde mientras trabajo en mi escritorio.
3 comentarios:
Yo observo, por no decir cotilleo, lo vuelvo a reconocer, y encima parto con ventaja de vivir en un 11.
No solo estamos allí sino que al trabajar bajo la luz de nuestras ventanas, solo alzando la vista de vez en cuando... nos sentimos acompañados, con esa complicidad que dan las relaciones interterraza, relaciones interventánicas, que se van hilando lenta y silenciosamente por encima de la ciudad inconsciente.
Qué importante es sentirse acompañado, a veces, más aún que la compañía en sí.
Publicar un comentario en la entrada